Pax Dettoni Serrano | EL AMOR ES ALEGRÍA
Pax Dettoni Serrano, autora y directora teatral, conferenciante, formadora y fundadora de Teatro de Conciencia. Educación emocional para desarrollar la inteligencia del corazón y construir una cultura de Paz.
Pax Dettoni Serrano, Teatro de conciencia, educación emocional, inteligencia del corazón, construcción de la paz, artes, desarrollo social, integración social, desarrollo humano, educación, teatro, gestión de las emociones, resolución de conflicto.
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EL AMOR ES ALEGRÍA

Frases como la célebre “quien te quiere bien, te hará llorar”, de las que aún quedan trozos incrustados en nuestra memoria colectiva, no son ciertas.

 

Todo lo contrario, alejan del verdadero significado del Amor y de lo que implica amar y ser amadx.

 

Podríamos decir que esta afirmación esconde tras de sí una licencia que poco tienen que ver con el Amor.  ¿Por qué la dichosa idea de que el amor es -de una forma u otra- sufrimiento?  ¿Por qué no relacionar de buenas a primeras el Amor con la alegría, con la confianza, con la paz y con el bienestar? ¿Por qué la frase incrustada en nuestro imaginario no dice “quien te quiere bien, te hará sentir segurx, alegre…”?

Propongo desglosar nuestros aprendizajes, para encontrar alguna clave al respecto.

Nacemos, sí, todos nacemos y somos antes que nada bebés desvalidos.  Por ello, todxs hemos tenido quienes nos han criado (familia, educadores…).  Y es en este primer momento vital, cuándo automáticamente aprendemos que quien se preocupa de nuestro cuidado y sostén nos ama.  Es por tanto esta la primera forma de Amor que conocemos los humanos, y la que nos marcará para el resto de nuestra vida.  Es decir, este es el modelo de Amor que por inercia tomaremos como válido y tenderemos a repetir (a no ser que tomemos consciencia de ello y definamos nuestro propio modelo – que hablaría esto de nuestra madurez).

Así, que primeramente nos hemos de preguntar, ¿cómo nos criaron? Porque para ese bebé aquel que le cría, le ama.  Entonces, sigamos con la lógica, ¿quién nos crió/amó usó los gritos, los castigos, o quizás también los golpes, para que obedeciéramos, para que nos portásemos “bien”?  O sea, ¿Quién nos amó/nos quiso bien, nos hizo llorar?

Y es probable que respondamos que sí a esa pregunta.  Aunque también diremos, pero también nos dio cariño, y nos dio lo que necesitamos, y lo hizo por nuestro bien.  Es decir justificaremos ese comportamiento, y en ese momento –justo en ese momento- avalaremos la violencia en el Amor.  Y allí es cuándo corremos el riesgo de repetirla con nuestros otros vínculos de Amor adulto (pareja, hijos, amistades, hermanos…) Que es exactamente lo que ocurrió con los que nos criaron,  porque así fueron también ellos criados y asumieron como una ley irrefutable el “quien te quiere bien, te hará llorar”.

Somos nosotros los que estamos a tiempo de dar un giro copernicano a esa falsa creencia, y en lugar de educar en el miedo (que usa el grito, el castigo y los golpes) hacerlo en la comprensión, la paciencia y la alegría.  Lo que no quiere decir que no haya límites, porque los hay, ni consecuencias a las acciones dañinas, porque las hay.  Sí se puede, por supuesto que se puede, poner límites y consecuencias sin usar la violencia. Ah! Y también se puede lograr el respeto y la admiración sin usar el miedo.

Si justificamos que “quien te quiere bien, te hará llorar” preparémonos a establecer vínculos amorosos que implicarán el sufrimiento (lo haremos por supuesto de forma inconsciente). Por ejemplo, ¿cómo voy a estar con un hombre/mujer que me trata bien y me hace sentir segurx todo el tiempo? Si no he cambiado mi creencia tóxica primera, es probable que  busque en esa relación el conflicto para comprobar a través de mi sufrimiento que me quiere/ama, ya que he aprendido que sólo quien me hace llorar, realmente me ama. O también es probable que de partida ya escoja personas con las que difícilmente encontraremos compatibilidad y construyamos relaciones sobre un conflicto continuado. Lo mismo haremos con los hijos, que necesitaremos convertirlos en “enemigos” con los que rendir ilustres batallas (sobre todo en su adolescencia).

O sea, si aceptamos esa creencia estamos aceptando que hemos de sufrir para ser queridos, y sufrimos porque el que nos ama pretende de nosotros algo diferente a lo que somos.  Así que el Amor también puede ser inconscientemente entendido como algo que te obliga a obedecer, es decir, a no ser quien eres.  A convertirte en aquello que el que te ama espera de ti.  Como hacen los niñxs con sus padres, cuándo estos se muestran todo el tiempo disgustados por su comportamiento. El niñx entiende que su forma de ser, de actuar, nunca satisface a aquel por quien espera ser amado, entonces sufre.  Sufre por no poder ser, ese es el precio al Amor de sus padres.

Y qué decir: ¡el Amor no tiene precio! ¡El sufrimiento no es una moneda de cambio al Amor! ¡No!

El Amor trae consigo aceptación, generosidad, paciencia, respeto, tolerancia y gratitud.  Nunca trae consigo miedo, violencia o egoísmo. 

Somos humanos y no ángeles, es cierto. Y por ello, no es fácil esta forma de entender el Amor, porque requiere de autocontrol por un lado, y de capacidad empática y compasiva por el otro. Pero como humanos podemos también responsabilizarnos de nuestro destino, y de dar contenido experiencial (cuanto más mejor) a una nueva forma de entender el Amor:

“Quien te quiere bien, será fuente de alegría”

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