Pax Dettoni Serrano | EMOCIÓN, EMOCIÓN… ¿QUÉ ME VIENES A CONTAR? ( I) – LOS CELOS-
Pax Dettoni Serrano, autora y directora teatral, conferenciante, formadora y fundadora de Teatro de Conciencia. Educación emocional para desarrollar la inteligencia del corazón y construir una cultura de Paz.
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EMOCIÓN, EMOCIÓN… ¿QUÉ ME VIENES A CONTAR? ( I) – LOS CELOS-

Viviana y Marcos están empezando una relación, cuando quedan lo pasan muy bien juntos.  Hoy es domingo y pasean cerca del mar.  Como muchas otras personas, también Lisa, la ex novia de Marcos está paseando tranquilamente por el mismo lugar.  Coincidencias del destino hacen que se crucen.  Al reconocerse, ambos se saludan, conversan superficialmente y sigue cada cual su camino.  Sin embargo, entre Viviana y Marcos algo ha cambiado.  Ella se siente incómoda y le cuesta seguir con naturalidad la charla que mantenían sobre la última película de Amenábar.

– Te noto extraña, ¿te sucede algo? – pregunta Marcos.

-¿A quién? ¿A mí? Para nada. – responde Viviana con un tono tenso de voz y de corporalidad.

-Desde que hemos parado a saludar a Lisa, noto tensión… ¿no estarás celosa?

-¿Cómo? ¿Celosa yo? ¡Pero qué te has pensado! ¡Yo no soy una mujer celosa!

 

Y nosotros, ¿qué creemos? ¿Viviana está o no celosa?

Efectivamente, sí.  Los celos se han apoderado de ella y la han llevado a cambiar la dinámica agradable de ese paseo matutino y marítimo. Sin embargo, ¿por qué ella niega su emoción? ¿No la reconoce, o acaso no quiere que nadie sepa que está sintiendo algo que no debería sentir porque ya es una mujer madura? ¿Quizás a su entender y para el de la sociedad en la que vive los celos son “malos” y no se deben sentir?

A pesar de que muchos hemos recibido una educación que nos ha enseñado que algunas emociones no podemos tenerlas, como seres humanos sentiremos toda la gama de colores emocionales, nos guste o no.  Todas aparecen en nuestro foro interno para ser sentidas, reconocidas, aceptadas, escuchadas y para darnos la llave de un mayor autoconocimiento y la posibilidad de crecimiento personal al optar por superarlas.

Si nos permitimos sentirlas, integrarlas y transmutarlas descubriremos que no hay emociones “buenas” ni “malas”. Aquello que es “bueno” o “malo” es la forma en que decimos manifestarlas y eso sí depende de cómo las gestionamos.  Por tanto, a pesar de que la tendencia sea reprimir aquéllas que nos han enseñado que no conviene tener, o las que no nos gustan, podemos aprender a mandar sobre ellas haciendo un uso adecuado de su energía -que inevitablemente sentimos- y descubrir qué nos vienen a contar sobre nosotros mismos.

Aunque suene paradójico, sí hay oportunidades tras las emociones “malas” y dolorosas que generalmente evitamos reconocer en nuestro interior. Dedicaré los próximos post a indagar sobre algunas de ellas.

Y como hemos empezado hoy con una historia de celos, os cuento algo sobre esta emoción tan temida.

CELOS

Los sentimos cuando percibimos en peligro una relación afectiva -del tipo que sea- al aparecer una tercera persona.   Los celos duelen y si no son gestionados suelen conducir al deseo de hacer daño a esa persona o a aquella por quién los sentimos.  Por tratarse de una emoción que es desagradable y que sin gestión puede llevar a causar sufrimiento a otros está considerada de “mala”.  Así que es muy probable que al sentirla sintamos vergüenza y queramos a toda costa esconderla de nuestra propia consciencia y de los otros.

Sin embargo, los celos tienen una razón de ser y nuestro reto es sentirlos, gestionarlos y entender aquello que nos cuentan para conocernos mejor y poco a poco, con cariño, ir superándonos.

En una primera instancia nos indican que podríamos creernos en propiedad exclusiva del afecto que la otra persona nos brinda, pero si desnudamos tal idea descubriremos el absurdo. ¿Cómo puedo ser la única persona a la que él/ella brinde afecto/amistad/amor/admiración?  Tal ceguera nos indicaría que en nuestro interior residen creencias de falta de tolerancia y generosidad en los afectos. ¿Quizás escondemos algo de vanidad que nos podría ser poco saludable?

Aunque también nos pueden indicar todo lo contrario, la falta de autoestima, pues nos creemos perdedores ante esa tercera persona.  Generalmente, al compararnos nos vemos “peores”,  en lugar de aceptarnos tal y como somos. En este caso, los celos nos brindan la oportunidad de trabajarnos en  el derecho a ser, no como se supone que debemos ser (u otros esperan que seamos) sino como realmente somos y sin compararnos con nadie.

Bien es cierto, que quizás los celos pueden también avisarnos de una verdadera traición, de ser así nos conviene usarlos con prudencia para descubrir  si son fundamentados o no; pues deberemos discernir entre la realidad y nuestras inseguridades que pueden construir con la imaginación realidades paralelas.

Sea como sea, si no los aceptamos y sentimos – (ojo! Que sentirlos no quiere decir dejarnos arrastrar por su crueldad, sino sentir sus manifestaciones en nuestro cuerpo sin hacer nada más que observarlos)-, nunca conoceremos lo que nos vienen a contar…

Recomendación: atrévete a sentir en tu cuerpo y a aceptar los celos, sólo así descubrirás su secreto y el camino de tu propio crecimiento interior hacia la libertad.

 

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