Pax Dettoni Serrano | EMOCIÓN, EMOCIÓN… ¿QUÉ ME VIENES A CONTAR? (IV) LA VERGÜENZA
Pax Dettoni Serrano, autora y directora teatral, conferenciante, formadora y fundadora de Teatro de Conciencia. Educación emocional para desarrollar la inteligencia del corazón y construir una cultura de Paz.
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EMOCIÓN, EMOCIÓN… ¿QUÉ ME VIENES A CONTAR? (IV) LA VERGÜENZA

Aunque ha pasado casi un mes del último post, seguimos con la serie del mensaje oculto de las emociones… Aprovecho para confesaros que siento vergüenza de no haber podido escribir un nuevo post hasta ahora… me hubiera encantado, me encantaría hacerlo semanalmente aunque debo reconocer que no llego…

 

Y sí, la vergüenza… ¿quién no la ha sentido?

 

No, no pienso meterla en el armario… porque sé que viene a contarme algo… como todas… emociones amigas que vienen a ayudarme en la labor de conocerme, de aceptarme y  de superarme (si así lo determino).

 

Así que vamos ahora a conocer un poco más de ella si os parece.

El efecto físico más común de la vergüenza es que se nos sonrojen las mejillas, y eso ocurre cuando creemos que no vamos a gustar, cuando creemos que no vamos a ser aceptados, o no vamos a estar a la altura.  La vergüenza es el motor de la timidez.

Esta emoción nos indica que nos estamos situando por debajo del ideal que tenemos de nosotrxs mismxs, o del ideal que creemos que las otras personas tienen de nosotrxs.  La vergüenza no quiere que seamos vistxs, quiere escondernos para que nadie descubra que no somos lo que creemos ser o lo que los otros creen que somos. La vergüenza no quiere hacer el ridículo.

Cuando la vergüenza aparece es una oportunidad para revisar cómo andamos de autoestima y auto aceptación.  Quizás no nos valoramos lo suficiente o le damos demasiada importancia “al qué dirán”, lo que significa que nuestra autonomía personal puede estar flojeando.  Aunque también puede suceder que detrás de esa vergüenza haya algo de soberbia que nos asume con capacidad de hacer cualquier cosa rozando la perfección, por eso cuando la vida nos muestra nuestras limitaciones, preferimos no reconocerlas ya que nos alejan de esa idea de ser casi divino que creíamos ser.

Sentir la vergüenza es darnos el espacio de aceptar que nos gusta gustar, sólo que quizás debamos evaluar qué peso tiene ese deseo en nuestras prioridades personales y qué precio pagamos por ello, a lo mejor después decidimos reposicionar nuestro orden de valores.

Los diálogos interiores basados en la automotivación, la autoafirmación, la aceptación y la confianza serán claves para superar esta emoción y convertirla en una oportunidad para empoderar nuestro “yo” al sentirnos tranquilos con lo que somos, pensamos, sentimos y hacemos. Una oportunidad para madurar.

Bienvenida seas pues vergüenza!  Pero sintiéndolo mucho no te quedarás mucho en esta mi casa…

 

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